Felicidades “Te recibiste de herman@ mayor”.

Desde hace unos meses a esta parte, me encontré recibiendo junto a mi hijo más grande, esa felicitación junto a otras afirmaciones muy interesantes.

Pareciera ser que así como el embarazo, la crianza, los cumpleaños, los nacimientos, y otros hitos importantes de nuestras vidas despiertan en los demás frases célebres que esconden siempre algún mensaje,  transformarse en el hermano mayor, no podía quedarse atrás.

“Felicidades, te recibiste de herman@ mayor”

 

¿No es una felicitación un poco ambigua que en el mejor de los casos le estamos diciendo a un niñ@ de 2 a 4 años?

Ambigua porque en realidad los herman@s mayores no eligen ser herman@s mayores.  Este nuevo rol se les aparece como algo que decidieron sus padres y que a ellos (herman@s mayores) les toca aceptar.

Comillas…

Aceptar con comillas

“”””””Aceptar”””””

Aceptar y medir, aceptar y preguntar, aceptar y aprender a compartir de otra manera, aceptar y aprender a compartir la mirada, la teta, los abrazos de mamá y de papá, de los abuel@s… aceptar y volver a medir si nuestro amor de padres sigue siendo el mismo o cambió.

Aceptar, llorar y tener que esperar un ratito. Un ratito que se hace eterno, pero que es sólo un ratito que antes quizás no se esperaba.

Empezar a buscar  todo el tiempo algo que no saben bien qué es, para descubrirlo de a poco y más adelante poder reafirmarlo como su nuevo lugar en el mundo.

Herman@ Mayor.

Entonces cuando se dice tan livianamente “Felicidades, te recibiste de herman@ mayor”, en realidad estamos hablando de  una formación emocional de grado y de posgrado que en el mejor de los casos nuestros hij@s deben hacer en muy poquito tiempo. Formación emocional que quizás coincide con el destete o el despañal o los terribles 3, o los terribles 4.

Recibirse de hermano mayor,  significa que durante un tiempo de transición, hasta que toda la familia se acomode a la nueva dinámica, el lugar que cada integrante de la familia ocupaba,  se va a mover. El grado de ese movimiento dependerá de cada familia, de cada integrante de la misma,  pero ese movimiento desarma lo establecido hasta ese momento para rearmar algo diferente. Eso desconcierta, descoloca, angustia, lleva a duelar para luego encontrarse con algo maravilloso, pero esto, también está.

Imaginemos por un momento el estrés que significa una mudanza. ¿Es una mezcla de emociones no? Puede haber algo de estrés por lo que hay que armar y desarmar, duelo por el lugar que se deja  y a la vez emoción por lo que nos espera, por el lugar al que iremos. Ansiedad, alegría. Emociones que  quizás con mucha suerte,   podemos nombrar.

Ahora entendemos un poco la montaña rusa que atraviesan y bordean nuestros hijos ante cada cambio.

Entonces quizás, la frase pueda transformarse… “Te felicito hij@, lo estás haciendo muy bien”.

 

Carolina Sujoy

Psicóloga – Psicoanalista con formación en Psicología Perinatal  y Primera Infancia

Coordinadora de Mamá Hamaca

Coordinadora de la Comisión de Investigación y Trabajo de Niñez y Primera Infancia del Colegio de Psicólogos Distrito XV. – Pcia. de Buenos Aires.

Co – Coordinadora y Miembro de El Parto es Nuestro Argentina

Miembro de Psicólogas Acompañando Crianzas

Miembro de IAN (International Attachment Network) Argentina

Miembro de la Comisión de Psicología Perinatal del Colegio de Psicólogos Distrito XV – Pcia. de Buenos Aires.

lic.carolina.sujoy@gmail.com

 

Fuente: Propia

Fotografía: propia

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