Cesar el dolor en ese área

Hace unos días en un curso de Posgrado  a distancia nos presentaron una imagen que me abrió muchísimos interrogantes personales y respecto a mi práctica diaria como psicóloga perinatal.

En su First Kiss Mandala (Mandala del Primer Beso), Amy Swagman representa el primer beso de la díada mamá – bebé, después de una cesárea.

Imagino que no es casual la elección del mandala que, como símbolo espiritual sagrado, nos permite conectarnos a otros estratos de nosotros mismos.

Me interesa subrayar lo sagrado, lo profundo del mandala.

Esa imagen es bellísima y muy gráfica -al menos para mí- especialmente si nos ponemos a pensar en el pleno amor que transmite ese beso, después de los cortes en ese cuerpo de esa mamá.

Aparecen cortes que pueden pensarse como una interrupción más o menos abrupta a la ilusión de un parto vaginal, cortes vinculados a un cuerpo que en el mejor de los casos fue tratado respetuosamente, cortes que marcan un antes y un después en esa mamá y en esa díada. 

Pareciera ser que la cesárea aparece en la vida de muchas mujeres primeramente como una intervención. 

Intervención que pudo haber sido mediación frente a situaciones límite o imposición frente a situaciones en las que quizás, podrían haberse  considerado otras opciones.

Acto en algunos casos imprescindible, especialmente si hubo situaciones de extremo estrés de cualquiera de los dos integrantes de esta díada. En otros, totalmente evitable. 

Agradecimiento y alivio o enojo y frustración y una herida que queda y marca.

¿Cómo cesar el dolor allí? ¿Cómo integrar esa marca de la maternidad al esquema corporal y a esa nueva definición de mujer en el mundo? 

¿Cómo dejar que el corte, se transforme en sutura y desde ahí, cicatrice? Ese corte que a veces corta ilusiones y en otros momentos, une aún más fuerte a la vida.

Busqué sobre la palabra Cesárea y su etimología resulta algo confusa. Algunas fuentes la atribuyen a Julio César y sus antepasados, otros a Ley Cesárea “Lex Caesarea”.

La sectio caesarea se formuló por la creencia de que así había nacido César, o, según los mejor informados, porque así habría nacido el primer antepasado suyo con ese apelativo.  La etimología popular  relacionaba Caesar con caedere ‘cortar’. Lo cierto es que antiguamente la cesárea era un procedimiento para salvar la vida de los bebés que, de practicarse en madres vivas suponía su muerte. 

Quizás en esto último se apoya la frustración de esa mamá y de ese cuerpo ahora intervenido. 

Cesar es finalizar, culminar, terminar, interrumpir.

Señala un corte, una interrupción de un proceso que debiera haber seguido un curso que por algún razón, no continuó.  

Cesar también señala una marca que deja la puerta abierta para un nuevo comienzo, ahora de la mano de este nacimiento. Porque algo ha nacido. Una mamá, un bebé, una nueva relación, una familia.

Más allá de lo necesaria o no de cada intervención, algo nuevo ha sucedido.

Quizás sea momento de pensar en este mandala sagrado, profundo, espiritual como ese espacio de refugio, guarida interna en la que es necesario cobijarse un tiempo para sanar heridas y luego volver desde otro lugar con ese amor que  amalgama a la vida.mandala2bfirst-kiss

Lic. Carolina Sujoy

Coordinadora Comunidad Mamá Hamaca

Miembro de Psicólogas que acompañan la Crianza Respetuosa

lic.carolina.sujoy@gmail.com

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